Estudio Bíblico Pentecostal
Lic. Carlos A. Valencia

TEMA: EL QUE TIENE OIDOS PARA OIR, OIGA LO QUE EL ESPIRITU DICE
Santiago 1:19
INTRODUCCION: Oír es una habilidad natural que se le da a todo ser humano, con la excepción de aquellos que nacen o por alguna circunstancia de la vida, quedan inhabilitados para escuchar. Oír es una de las maravillas de la creación, es un milagro de los más altos contenidos en la tierra.

  • EL OIDO: Es el  Órgano de la audición.  El oído es uno de los cinco sentidos del sistema sensorial, que tiene la capacidad de percibir el sonido (percepción sonora). Está compuesto por tres áreas: Oído externo (el pabellón), Oído medio (el yunque, martillo y estribo) y el oído interno (donde están un conjunto de células ciliadas (entre 24000 y 30000), que vibran a determinadas frecuencias). Se dice que es el oído el que le permite mantener el equilibrio a una persona. 

Jesús siempre recalcó a sus discípulos que era necesario aprender a oír bien ya que de esa manera se pueden comprender mejor sus palabras. (Mat. 13:9)

  • ENFERMEDADES DEL OIDO: El oído tiene sus propios males como cualquier otro miembro del cuerpo.
  • El neurinoma del acústico: es un tumor que se origina en el conducto auditivo interno. Generalmente provoca la disminución o pérdida auditiva del lado afectado.
  • El Barotrauma: es una lesión que se produce por cambios de presión. dolor de un oído, disminución leve de la audición.
  • Vértigo: Se produce por hongos o infecciones en el oído medio que hace perder la estabilidad del cuerpo. Los ciegos por lo general se les desarrolla el sentido de orientación por medio del oído.
  • Espiritual: En el sentido espiritual, también hay oídos enfermos que no han escuchado  con detenimiento a Dios para poner por obra sus palabras.

 

  • CIERTAMENTE DIOS HA HABLADO: yo he estado pensando todo lo que  Dios ha venido diciendo a la iglesia de este último tiempo. Ha dicho que nos metamos en él, que oremos más, que dejemos las cosas que están alejándonos de su presencia; que las damas se vistan con decoro, pudor y modestia, que no se hagan cortes de cabello que lo deshonran al no obedecer su palabra, que no murmuremos, que no participemos de las obras infructuosas de las tinieblas. Ha dicho que combatamos a Amalec, que seamos barro en sus manos, que tenemos que ser una iglesia que asombre, que cuidemos la salvación hoy más que nunca, que huyamos de la fornicación, que estemos alertas con los secretos que el diablo usa para destruirnos, que no vivamos una vida disfrazada, que tengamos en cuenta las moscas que hacen heder nuestro testimonio, QUE REGRESEMOS AL PRIMER AMOR, que vivamos en koinonía.

 

  • ¿SI HAS OIDO LO QUE DICE DIOS?: El Señor ha venido hablando seriamente con nosotros, pero poco le hemos prestado atención. Dios habla dos o tres veces (Job 33:14-18). Israel no oyó al Señor y fue tratado como una bestia (Is. 1:3). Las calamidades que vinieron a Israel a causa de la desobediencia, realmente fueron por no ejercer el privilegio de oír para comprender. Muchos juicios cayeron sobre ellos por que percibían los sonidos, las palabras, los mensajes, las homilías, pero no hacían el menor esfuerzo por oír a Dios. Eso de oír es prestar atención, atender, estar solícito, ocuparse en lo que él dice, obedecer, hacer lo requerido, sujetarse al consejo, respetar lo que él manda, es reverenciar su voz, servirle.
  • EJEMPLO DE LAS CONSECUENCIAS DE NO OIR:
  • Israel: Deut. 28:15. Fueron llevados cautivos por los babilonios, los Medo-persas, los griegos y los romanos. En el 70 d. C., fueron masacrados y obligados a dejar todo para ser esparcidos por todo el mundo hasta 1948. En la segunda guerra mundial, 6 millones fueron martirizados por las cámaras de gas en los campos de concentración. (V. 26) En la edad media, la religión imperial, los persiguió acusándolos de la muerte de Jesús y fueron quemados en las hogueras y torturados por ser judíos (v. 21)
  • Un profeta: 1° Reyes 13:8-9. Es un joven profeta que es enviado con un mensaje de juicio para el rey. Se le ordena que no regrese por el mismo camino ni coma nada en ningún lugar aledaño al rey. Escuchó la orden, pero un viejo profeta le engañó y demostró que no estaba muy convencido de la  orden que se le dio. No oyó realmente a Dios y se le dictó una sentencia (v. 20-22) y murió ese mismo día (v 24)
  • El rey Saúl: 1° Samuel 15:2-3. Dios le habló por Samuel y le ordenó que exterminara a Amalec, pero Saúl no oyó la voz de Dios y perdonó la vida al rey amalecita y al ganado (v. 9). Dios lo desechó y dijo palabras duras que me hacen temblar: “Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras.” La consecuencia es que fue desechado y murió a manos de un amalecita (2° Samuel 1:13-14)
  • Judas: Juan 6:70. Llamado por Jesús a ser su discípulo. Escuchó muchas veces las advertencias que hizo Cristo  de los peligros de la codicia, del amor de los bienes materiales y de perder el alma, pero no oyó para poner por obra. Y se dejó seducir por el dinero, los placeres temporales y la envidia. Estando muy mal con Dios, cenó y después del bocado le entró Satanás y allí fue su perdición (Lucas 22:3) Era mejor para Judas no haber nacido, advirtió Jesucristo (Marcos 14:21)

 

  • PROMESAS DE DIOS PARA LOS QUE OYEN:
  • El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. (Oír implica vencer. Al que oye la voz del espíritu, Dios le dará el privilegio de manifestar la vida de Cristo en su existencia. Es decir, vivirá conforme al fruto del espíritu)

 

  • El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte. Oír, significa vida. Todo el que oye para poner por obra la palabra, no corre el riesgo de morir espiritualmente.
  • El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. El que oye, atiende a lo que él enseña, se le concede el honor de conocer de los secretos de Dios. Hay revelación y entendimiento sobre lo que Dios quiere enseñarle 

 

  • Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, 
    y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El oír permite que Dios llene de autoridad al creyente. Que no le falte luz. Siempre que tenga dificultades tendrá una salida iluminada
  • El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El oir y poner por obra lo que Dios enseña, trae santificación. Vestidos blancos implican pureza, consagración. ¿Porqué muchos luchan con su vida para consagrarse? Porque no oyen- atienden la palabra.

 

  • Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.   El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Oír aquí es permanencia. Fidelidad, persistencia, perseverancia, constancia, empeño,  ahínco, insistencia. No importan las pruebas, ni las dificultades. Oír a Cristo es fortaleza.
  • Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Oír a Cristo produce descanso. El sentarse señala que se ha terminado la obra. Obedecer es mejor que los sacrificios por que produce descanso para el alma. (llevad mi yugo- oíd mi palabra- y hallaréis descanso para vuestras almas)

 

CONCLUSION: Dios quiere que volvamos nuestros oídos a él, que atendamos mejor las cosas que hemos oído no sea que nos deslicemos (Heb. 2:4)

 

 


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